El equipo máximo goleador de la categoría cerró su reto más exigente con una victoria en el partido que les daba el ascenso matemático. Edu y Kibru firmaron los tantos del histórico 2-1 ante Alalpardo.
No todas las temporadas se ganan en la última semana. Pero hay veces en que es ahí donde se demuestra de qué está hecho un equipo. El Juvenil B de fútbol llegó al tramo final del campeonato con un reto claro sobre la mesa: sacar los puntos necesarios para sellar el ascenso a Primera División. Y lo hizo. Con carácter, con fútbol y con el corazón bien puesto.
El partido que lo decidió todo
La cita más importante de la temporada llegó en la penúltima jornada, en casa, frente a Alalpardo. Una victoria significaba el ascenso matemático. El equipo lo sabía, y salió al campo a querer la pelota desde el primer minuto.
El guión, sin embargo, no empezó como se esperaba. El número 9 de Alalpardo, un jugador con mucho recurso individual, aprovechó una acción para adelantar a los visitantes. El equipo no se vino abajo. Ajustaron, corrigieron la salida de balón rival y empezaron a imponer su juego. Y antes de que llegara el descanso, Edu puso el empate con un golazo por la escuadra con la zurda que silenció cualquier duda.
La segunda parte fue un ejercicio de dominio. Alalpardo, sin balón y sin hacer daño, aguantó el tipo durante más de setenta minutos. Hasta que en el minuto 80, en una falta al borde del área, Kibru se dispuso a tirar. El balón golpeó en el palo y entró. 2-1. El equipo aguantó con orden los últimos minutos, con una parada cuerpo a cuerpo del portero que fue clave para no comprometer el resultado, y cuando sonó el pitido final el ascenso era una realidad.
Una temporada construida desde el primer día
El partido ante Alpardo fue el escenario del ascenso, pero no su origen. Este Juvenil B llevaba toda la temporada construyendo algo sólido. El equipo acabó siendo el máximo goleador de la categoría, y también uno de los dos conjuntos con menos goles encajados durante el año. Dos estadísticas que no mienten: este equipo sabía atacar y sabía defender.
La primera vuelta fue de diez, con solo dos derrotas. El equipo no perdió en casa hasta la jornada 17, convirtiendo su campo en un fortín durante prácticamente toda la primera mitad de la temporada. La segunda vuelta trajo los baches habituales después de las vacaciones, esas derrotas que el propio cuerpo técnico calificó de «tontas», por actitud más que por nivel. Pero el equipo respondió cada vez: cuando perdía, intentaba hacerlo mejor la semana siguiente. Y esa constancia fue la que les llevó hasta aquí.
El mérito es de todos
Un ascenso de estas características no se entiende sin el trabajo diario de un grupo que ha estado a pie de cañón durante toda una temporada larga. Los jugadores son los primeros merecedores de este éxito. Pero el cuerpo técnico ha sido parte inseparable de cada decisión, cada corrección y cada momento difícil de este curso. El ascenso es tan suyo como de cualquier jugador que pisó el campo.
A todos ellos, enhorabuena. Bienvenidos a Primera División.


